11 claves para fortalecer internamente a nuestros hijos

noviembre 24, 2023

Como padres y madres de familia tenemos que tener el conocimiento y a su vez la fuerza interna para acompañar a nuestros hijos a contactar con el sufrimiento necesario para crecer, tolerar frustraciones que les corresponde capotear, aprender a resolver sus problemas, reconocer sus errores, y crecer de las experiencias dolorosas. 

Te comparto estos  lineamientos generales que puedes considerar para ayudar a tus hijos a desarrollar fortaleza interna. No se trata de aguantar por aguantar sino de tener la resistencia necesaria para sortear los desafíos básicos de la vida.

  1. Ten conocimiento de la etapa evolutiva que atraviesa tu hijo para saber qué puede y qué no puede entender y hacer. 
  2. Distingue sus características personales para que no enfrente retos demasiado sencillos que no le impliquen ningún desafío, pero tampoco tan grandes que lo hagan sentirse insuficiente. No corresponde resolver lo mismo a una niña de 6 años que a una de 10 años, por ejemplo, ni tampoco a un niño con capacidades especiales que a otro que no las tenga.
  3. Deja que la realidad haga su trabajo. La vida tiene en sí misma consecuencias físicas y consecuencias sociales. Por ejemplo, si tu hijo olvida llevarse su lunch a la escuela, no correrás a llevarle un snack para evitársela, asumirás que pasará cierta hambre o tendrá que negociar con algún par para que compartirle su colación. Otro caso sería las consecuencias lógicas, si se empeña en no prestar sus juguetes, sus amigos pueden negarse a invitarlo a su fiesta, y tendrá que tolerar la frustración que esto le implique cuando llegue el momento.
  4. Dale algunos premios cuando acometa algo importante pero no lo llenes de estímulos externos que alteren el ritmo natural de la vida. No todo lo que hacemos tiene que ser recompensado, el mayor premio que se puede conquistar es la interna satisfacción que genera el propio logro.
  5. Enséñalo a esperar y posponer ciertas necesidades por periodos adecuados de tiempo. Limita tu actuar cuando demande una gratificación inmediata –física o psicológica- pudiendo o requiriendo posponerla sin consecuencias nocivas para él. Por ejemplo, ¿saliendo de la escuela “se muere” de sed?, ¿en ese momento tienes que pararte en una tienda a comprarle agua? O bien estás al teléfono ¿y quiere que lo atiendas en el instante? 
  6. Ayúdalo a aprender del error. No reacciones descalificadoramente cuando se equivoque, por el contrario, invítalo a cuestionar en qué falló, qué siente ante el fracaso, y acompáñalo a evaluar, con la información que tiene, qué podría hacer diferente en la próxima ocasión. Aprender del error y tolerar la sensación de decepción que conlleva, es una herramienta poderosa para perseverar ante las dificultades inevitables del diario vivir. Y más allá de eso permitirle explorar, con base en su edad e intereses, cosas y lugares nuevos, siendo consciente de los pros y contras de sus conductas y decisiones.
  7. Enséñale a reconocer sus emociones y a ponerles nombre sin juicio. Distinguir qué sienten, a qué se responde esa emoción, que significado tiene con relación a su vida, es parte de una educación emocional. Validar la emoción es central, pero al mismo tiempo parar la acción impulsiva que conlleva la intensidad emocional. La inteligencia emocional implica aprender a calmarse antes de actuar para evitar las reacciones irreflexivas. Esto supone también ponerle límites cuando él se esté extralimitando.
  8. Escúchalo y acompáñalo cuando se sienta atrapado en algún problema, pero a reserva de ser algo que sea excesivo para él, no le des la solución inmediata y menos aún le resuelvas tú el problema. Acompáñalo a decidir y a actuar adecuadamente.
  9. No lo engañes ni ocultes las situaciones dolorosas como una enfermedad, una muerte, un revés económico, entre otras. Compartirle la información adecuada a su edad, pero sin mentiras y tapujos, es edificar su autoestima y la confianza en ti y en sí mismo. Eso sí, acompáñalo a procesar el dolor.
  10. No lo sobreprotejas. No hagas por él lo que él mismo puede realizar. La hiper protección es una falta de respeto pues evita que niños y adolescentes descubran y desarrollen las habilidades y competencias necesarias para su desarrollo integral convirtiéndolos en agentes pasivos que esperan que otras personas todo les resuelvan. La sobreprotección les imposibilita reconocer, aceptar y trabajar en sus debilidades, dificultando su autoconfianza, e impidiéndoles cultivar el esfuerzo, la paciencia y la disciplina que la vida siempre nos requiere. El resultado de la sobre protección es la experiencia de desprotección frente a la vida: los niños sobreprotegidos se sienten ansiosos, deprimidos e incapaces de afrontar situaciones que implican estrés y obstáculos propios de la vida. 
  11. Favorece su autoestima. Reconoce sus genuinos logros e invítalo a distinguir sus recursos y competencias para que haga de su mejor parte su mayor parte. Ayudarle a distinguir sus fortalezas y a establecer metas realistas y alcanzables impulsará sus ganas de aprender y mejorar. Esto además potencia su autoconfianza y le genera seguridad en sí mismo.

Tere Díaz Sendra

Pedagoga, terapeuta familiar y promotora de desarrollo humano

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Te comparto estos lineamientos generales que puedes considerar para ayudar a tus hijos a desarrollar fortaleza interna. No se trata de aguantar por aguantar sino de tener la resistencia necesaria para sortear los desafíos básicos de la vida.

  1. Ten conocimiento de la etapa evolutiva que atraviesa tu hijo para saber qué puede y qué no puede entender y hacer. 
  2. Distingue sus características personales para que no enfrente retos demasiado sencillos que no le impliquen ningún desafío, pero tampoco tan grandes que lo hagan sentirse insuficiente. No corresponde resolver lo mismo a una niña de 6 años que a una de 10 años, por ejemplo, ni tampoco a un niño con capacidades especiales que a otro que no las tenga.
  3. Deja que la realidad haga su trabajo. La vida tiene en sí misma consecuencias físicas y consecuencias sociales. Por ejemplo, si tu hijo olvida llevarse su lunch a la escuela, no correrás a llevarle un snack para evitársela, asumirás que pasará cierta hambre o tendrá que negociar con algún par para que compartirle su colación. Otro caso sería las consecuencias lógicas, si se empeña en no prestar sus juguetes, sus amigos pueden negarse a invitarlo a su fiesta, y tendrá que tolerar la frustración que esto le implique cuando llegue el momento.
  4. Dale algunos premios cuando acometa algo importante pero no lo llenes de estímulos externos que alteren el ritmo natural de la vida. No todo lo que hacemos tiene que ser recompensado, el mayor premio que se puede conquistar es la interna satisfacción que genera el propio logro.
  5. Enséñalo a esperar y posponer ciertas necesidades por periodos adecuados de tiempo. Limita tu actuar cuando demande una gratificación inmediata –física o psicológica- pudiendo o requiriendo posponerla sin consecuencias nocivas para él. Por ejemplo, ¿saliendo de la escuela “se muere” de sed?, ¿en ese momento tienes que pararte en una tienda a comprarle agua? O bien estás al teléfono ¿y quiere que lo atiendas en el instante? 
  6. Ayúdalo a aprender del error. No reacciones descalificadoramente cuando se equivoque, por el contrario, invítalo a cuestionar en qué falló, qué siente ante el fracaso, y acompáñalo a evaluar, con la información que tiene, qué podría hacer diferente en la próxima ocasión. Aprender del error y tolerar la sensación de decepción que conlleva, es una herramienta poderosa para perseverar ante las dificultades inevitables del diario vivir. Y más allá de eso permitirle explorar, con base en su edad e intereses, cosas y lugares nuevos, siendo consciente de los pros y contras de sus conductas y decisiones.
  7. Enséñale a reconocer sus emociones y a ponerles nombre sin juicio. Distinguir qué sienten, a qué se responde esa emoción, que significado tiene con relación a su vida, es parte de una educación emocional. Validar la emoción es central, pero al mismo tiempo parar la acción impulsiva que conlleva la intensidad emocional. La inteligencia emocional implica aprender a calmarse antes de actuar para evitar las reacciones irreflexivas. Esto supone también ponerle límites cuando él se esté extralimitando.
  8. Escúchalo y acompáñalo cuando se sienta atrapado en algún problema, pero a reserva de ser algo que sea excesivo para él, no le des la solución inmediata y menos aún le resuelvas tú el problema. Acompáñalo a decidir y a actuar adecuadamente.
  9. No lo engañes ni ocultes las situaciones dolorosas como una enfermedad, una muerte, un revés económico, entre otras. Compartirle la información adecuada a su edad, pero sin mentiras y tapujos, es edificar su autoestima y la confianza en ti y en sí mismo. Eso sí, acompáñalo a procesar el dolor.
  10. No lo sobreprotejas. No hagas por él lo que él mismo puede realizar. La hiper protección es una falta de respeto pues evita que niños y adolescentes descubran y desarrollen las habilidades y competencias necesarias para su desarrollo integral convirtiéndolos en agentes pasivos que esperan que otras personas todo les resuelvan. La sobreprotección les imposibilita reconocer, aceptar y trabajar en sus debilidades, dificultando su autoconfianza, e impidiéndoles cultivar el esfuerzo, la paciencia y la disciplina que la vida siempre nos requiere. El resultado de la sobre protección es la experiencia de desprotección frente a la vida: los niños sobreprotegidos se sienten ansiosos, deprimidos e incapaces de afrontar situaciones que implican estrés y obstáculos propios de la vida. 
  11. Favorece su autoestima. Reconoce sus genuinos logros e invítalo a distinguir sus recursos y competencias para que haga de su mejor parte su mayor parte. Ayudarle a distinguir sus fortalezas y a establecer metas realistas y alcanzables impulsará sus ganas de aprender y mejorar. Esto además potencia su autoconfianza y le genera seguridad en sí mismo.

 

Tere Díaz Sendra

Pedagoga, terapeuta familiar y promotora de desarrollo humano

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2023-11-24T02:07:28+00:00
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